El vínculo inseparable entre la espiritualidad y la gestión de marcas

Religión y marcas

Cuando Steve Jobs aseguró que “La gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras”, el tenía clara la visión de su empresa.

“Fe, religión y marcas”, del libro Buyology (Lindstrom, 2008), nos hace entender el porqué la gente espera con tanta emoción la llegada de nuevos productos y es capaz de invertir tiempo y dinero con tal de obtenerlos, literalmente, a veces sin importar el costo, pasando 24 o más meses pagando un iPhone 11 Pro Max de $27,500 sin queja alguna.

iPhone
Presentación iPhone 11 Pro Max

¿Pero quién o qué nos quita el gusto, la satisfacción y la alegría de tenerlo? Nada, ni nadie. Porque no solo obtenemos un iPhone, también adquirimos estatus, innovación, tecnología, exclusividad y la admiración de muchos cercanos a nosotros, es decir, nos aporta intangibles que no se ven en nuestra mano como el teléfono, pero si los registra el cerebro y los siente el corazón.

Y eso es lo más importante para el consumidor, los sentimientos y las asociaciones positivas que genera el producto en las personas y que nos da un sentido de pertenencia.

En la lectura Martin Lindstrom menciona que “La mayoría de las religiones también cuentan con una visión clara”. Y eso lo deja patente Steve Jobs. Él tenía claro que “El hombre es el artífice del cambio en este mundo. Como tal, debe estar por encima de los sistemas y de las estructuras y no sometido a ellos”. A partir de este pensamiento surgió el iPod, iPad, iPhone, iMac y todo el universo de productos Apple.

Tener competencia también es bueno porque nos permite medir nuestras fuerzas y poder ejercer poder sobre nuestros enemigos y Apple lo ejerce a través de la estética, la tecnología, la funcionalidad y la innovación en sus productos, basta ver como otras marcas emulan sus diseños y aspiran a ser como ellos.

Y como toda buena marca, Apple se construye sobre una gran historia, aquella que inició el 1 de abril de 1976 en el garage de la casa donde Jobs creció, en Los Altos, California.

Junto a Steve Wozniak y Ronald Wayne, Jobs fundó una empresa que hoy tiene un valor de 1 billón de dólares, que demuestra su grandeza no solo por su éxito comercial, sino que también lo hace de forma física a través del diseño, la dimensión y la experiencia que se vive al entrar a sus tiendas como la de la Quinta Avenida, en Nueva York en donde el logotipo de la marca, reconocido mundialmente, se muestra como una suerte de estrella de Belén, iluminando la noche, y en el día como el símbolo de la innovación y el avance tecnológico que ha venido a cambiar la vida de millones de personas.

Cada lanzamiento de Apple esta envuelto de misterio, es un show, una puesta en escena, no se sabe que presentarán, y entonces, se especula en la web, en las redes sociales, en los medios de comunicación, todos opinan y comentan, esto cautiva a los fans de la marca, a sus ‘feligreses’.

Lo cierto es que el misterio se devela hasta el día de la presentación. Y después viene la conversación: me gusta, no me gusta, a favor o en contra. Aparece la mentalidad de nosotros frente a ellos, los correligionarios de Apple se unen, defienden su marca. ¿Resultado? La presentación, los productos y la marca están en boca de todos, pero lo más importante, están presentes en sus mentes.

AMLO 2018

Observo que la religión se vincula mucho con el discurso político. Utilizaré como ejemplo la estrategia de Andrés Manuel López Obrador -la marca-como candidato a la presidencia de México en 2018. Él fue el pastor con la visión clara de lo que la sociedad mexicana, en un gran porcentaje, necesitaba. Entendió, a través del contacto con la gente, las encuestas, la escucha en redes sociales y otros métodos de investigación, que un gran sector de México estaba inmerso en la desesperanza, la desilusión y el hartazgo.

Dichos elementos sirvieron para dar forma al slogan “Por el bien de México, primero los pobres”, el cual buscaba englobar y dar un sentido de pertenencia al sector más amplio de la sociedad mexicana. Cifras de el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) contabilizaban más de 60 millones de pobres en nuestro país en ese momento.

Así inicio un gran peregrinaje con la meta trascendental de convencer a la gente de votar por su movimiento para ganar la elección y llegar al poder con el fin superior de traer bienestar y una vida digna a este amplio sector; de paso, muchos más se sumaron con la esperanza de encontrar un cambio verdadero.

AMLO recibió más de 33 millones de votos, un récord histórico para un candidato presidencial. Foto AFP

Esta estrategia de campaña tuvo como enemigo identificable “A la mafia del poder”, conformada por todos los políticos, menos él y Morena (de su creación), porque él es el pueblo, no un político. De esta manera, pudo ejercer el poder sobre sus adversarios a quienes puso la marca indeleble de la corrupción.

Exhibió “músculo político” y midió sus fuerzas llenando cada plaza en dónde se presentó recogiendo muestras de apoyo y compromiso con su movimiento, sumando ‘feligreses’. Desarrolló una estrategia de confrontación que generó controversia, discusión y dividió a la población, aún más de lo que ya estaba, pero al mismo tiempo se gestó un frente que defendió y avaló su proyecto.

El resultado fue contundente, el Instituto Nacional Electoral (INE) reportó que el 53% del electorado eligió a AMLO -como se le conoce popularmente-, más de 33 millones de votos, un récord histórico para un candidato presidencial, en tiempos de extrema desconfianza y hartazgo hacia la clase política.

Logró evocar sentimientos y asociaciones positivas, la gente le dio su apoyo y confianza para luchar contra la corrupción. Tuvo un discurso épico, prometiendo realizar un gran transformación social y anunció una revolución pacífica que sería tan trascendental como la Independencia (1821), la Guerra de la Reforma (1858-61) y La Revolución Mexicana(1910). Su Cuarta Transformación o 4T.

La imagen de un hombre enfrentado al sistema que se ve forzado a contenerse, hace empatía con la sensación del ciudadano de a pie. Fue persistente al presentarse tres veces a la elección para Presidente, nunca se conformó, nunca se rindió y esa fue la narrativa de su campaña: Luchar por las buenas causas.

Utilizó un lenguaje cercano a la sociedad con frases replicables, memorables y creíbles como: “Frijol con gorgojo”, “Ni Obama lo tiene” y “La mafia del poder”, que fue su atractivo sensorial. La gente lo percibió cercano, empático y humano.

Su grandeza se construyó a partir de su fortaleza física, un hombre incansable que visitó todos los rincones de México, con un infarto a cuestas. Su honestidad y su carisma. Siempre cercano, siempre rodeado de gente feliz. Era el símbolo que representaba la esperanza de México.

La suma del conjunto de todas estas características dan como resultado que las personas crean, sueñen, confíen y se identifiquen con las marcas. Que se apropien de ellas. Que se conviertan en sus voceros y su recomendación de boca en boca sea la mejor estrategia de comunicación con la que una empresa puede contar, pero hay que ser inteligente, sútil y audaz para utilizar a nuestro favor el vínculo inseparable que existe entre la espiritualidad y la gestión de marcas.

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